domingo, agosto 21, 2005

Oye, Lyla...

encontré esto entre tus cosas, la verdad es que, como tu dices... qué tristes que son las hojas que dejas en blanco, como días que dejas pasar sin decirles hola. Pero ellos siempre están ahí, esperándote y marchitándose para que veas la vida que has perdido.

13 de septiembre de 2002
Teorías interesantes de Richard Bach en "Alas para vivir".

Tu apellido no es en realidad tu apellido sino tu segundo nombre.
Tu apellido es siempre un número: Lyla Bokà, 18.
Contar puede ser peligroso: cuando los números son bajos, uno sabe que no debe morir; y cuando son altos...
Sucede algo que se llama "Convición por abandono", es decir, seguir las reglas sin haberlas pensado, dejarse llevar por lo que se espera de ese número.

Si no aceptamos ninguna de las convicciones comunes, no podemos existir en el espacio-tiempo (...) pero no creer en la edad es no estar obligado a morir sólo porque cambien nuestros números.

Decidiste entonces "no medir la vida por los calendarios que has visto, sino por lo que aprendes".
Si tienes que pasar por algo, que sea por el impacto de descubrir el principio fundamental del universo y no por alguna fecha previsible.

¿Quién te dijo que hoy era un día cual de tanto, de tal mes, de tal año? Que la semana tiene 7 días... que existen cosas que hacen diferentes al uno del otro...
Para mí siempre ha sido todo sólo una línea de claro-oscuros, a la cual cortaron cada día y noche para crear un mecanismo de organización histórico-social.

Claro, si el tiempo no existe, ¿entonces por qué ustedes los humanos crecen y se hacen viejos?

Nuestra conciencia debería sentir la misma edad del cuerpo y la verdad es que la conciencia no tiene edad.
El problema es que como la mente no puede coordinar eso según las reglas del espacio-tiempo, en vez de inventar otras, renuncia.

No le pongas etiquetas a la edad... Si el cuerpo es la expresión perfecta de lo que pensamos del cuerpo, y si lo que pensamos del cuerpo es que su condición se relaciona con la imagen interior pero no con el tiempo, no tenemos que impacientarnos por ser demasiado niños, ni asustarnos por ser demasiado viejos.