miércoles, enero 04, 2012

Sobre re-ilaciones y otras diplomacias.


Empecé a leer a Sandor Marai (casi escribo Mandor Sarai) porque olvidé  traer lectura de playa y mi mamá decidió dármelo con el argumento de que soy mejor lectora que ella y así yo lo leo más rápido. En realidad, creo que cualquier persona que lea será mejor lector que mi mamá… casi casi que le regalo un libro para leerlo yo primero… aunque no me refiero a Marai, ese se lo habrá pasado alguna hermana de ella, me refiero a cualquier otro que le habré regalado para el día de la madre de hace un par de años y aún no lo comienza porque no ha terminado Un mundo para Julius que empezó hace tres… ¿O será que la estoy subestimando demasiado? En todo caso, yo así como por leer algo acepté La mujer justa y ella dijo que tranquila, que ella traía su costura y bueno, según yo de mera pasadita, pero terminé medio encarretada[i]… ya unas horitas bajo la carpa e iba por la mitad. No sé bien por qué me encarreté, me pareció en un principio algo sosón[ii], jaja… Eso del destinatario se me hizo como forzado, demasiado cursi tal vez, pero de una u otra manera era interesante la reflexión que hacían los personajes mientras contaban a sus traicioneros y amigos sus experiencias de vida matrimonial burguesa… Así como cuánto hay en esas trivialidades de importante en qué pensar, y filosofan sobre eso, incluso en la segunda parte cuando cambia al punto de vista del hombre él dice algo al respecto, y cuán fundamental puede llegar a ser lo fútil. Y así ciertas cosas que al fin y al cabo me engancharon de cuando en vez… También porque era como algo que desde un principio sabías cómo iba a acabar, pero no sabes qué hubo en medio, y los mismos personajes se preguntan qué fue lo que hubo en medio de la historia, pero se les hace tan laberintoso[iii] el discurso como a cualquiera que escribe sobre alguna cosa que leyó.

No sé por qué tal vez prefiero la palabra espontánea, que dar con la precisa. Más allá de que vulgarmente diga o piense lo que relaciono con algo, de una forma hasta poética, pensaba si no sería cuestión de angosto vocabulario, pero no… sabría al releer por cuál otra palabra habría podido reemplazar “laberintoso”, sino que sencillamente al final es como una especie de ternura neologística[iv] la que me llama a decir cualquier cosa antes de preferir la palabra precisa… casi como en La mujer justa, si es que al final no existe… no me quedó claro estando en la mitad del libro la respuesta a eso de que si existe o no lo justo, lo preciso, pero es más probable que simplemente me guste hacer y decir lo que me dé la gana y punto.

Me aburre no tener nada más que decir después de eso… cambio entonces de tema y de canal, al ver a mi marido webear[v] en su fabuloso celular, para pasar el tiempo en el que yo prefiero escribir que irme a dormir… ¡quién entiende al instinto humano! Es casi como si uno se engañara… ya no sé si prefiero escribir o arruncharme[vi], (bueno, definitivamente en este momento prefiero hacer cualquier cosa antes de acurrucarme hasta dormir, sobre todo si ya lo hice en la tarde), o simplemente es por llevarle la contraria a su absurdo proceder de espera: es que alarga lo que tiene que hacer antes de dormir porque le da pereza hacerlo, haciendo otra cosa inútil, en lugar de hacerlo de una vez para poder hacer lo que en realidad quiere hacer que es dormir. 
Ja, ya se rindió. De manera que finalmente yo también, ¿o no?

Hasta entonces. Creo que voy a cambiar de tema, y de canal.





[i] Del colombiano “encarretarse” o en otros lados “engancharse”: interesarse por algo, generalmente un quehacer, un libro, película, programa de Tv, y entonces continuar con ello.
[ii] Especie de superlativo o peyorativo de soso.
[iii] Tortuoso, melindroso.
[iv] En forma de neologismo.
[v] Del ecuatoriano “hueveo” o el hacer cualquier cosa improductiva o para pasar el rato, pero referente a la web.
[vi] Del colombiano acurrucarse con alguien.