miércoles, abril 30, 2008

cuando en nuestro drama no somos dramaturgos.

En el camino de regreso a casa, sentada junto a ese que una vez no parecía un extraño, estaba pensando que lo que te mantiene enganchado en un pasado es la posibilidad... esa incógnita de imaginar qué habría pasado si no hubieras- o si hubieras- dicho, hecho alguna cosa, en lugar de otra... Esos caminos que desechaste, todo eso en lo que piensas en el presente en el que toda decisión quedó hecha desde una emoción, porque nunca se puede ser del todo racional.
La ciudad invisible. El lado inhabitado del corazón, por el que caminará un niño y se preguntará, y preguntará como pregunta un niño. Y esta vez, quien responde un porque sí, quedará encerrado en un por qué no. Y ese sendero arruinado por omisión.
Pero la posibilidad se reproduce rizomáticamente, y elijes sin pensar en las opciones, porque las opciones no existen plenas, y traen consigo desenlaces sombríos que conducen a nuevas posibilidades... No piensas antes de actuar, porque no te imaginas lo que imaginas cuando sólo la imaginación queda. Y terminas eligiendo siempre lo que ya está perdido.
A pesar de que digan que todo pasa como tiene que pasar, que pasa por algo, qué se yo... antes de descubrir las razones del destino, el remordimiento insiste, pues pudiste haber hecho que pasara lo que quisieras que hubiera pasado, cuando siempre fuiste tú el de la decisión.
Ya, tú no tienes las posibilidades, ni siquiera cuando estás libre de escojerlas y eres libre para imaginarlas. Es muy probable (y paradójico) que esas posibilidades no existan. De todas formas es la manía que tienes de creer que todo tiempo, por no vivido, fue mejor.
El destino es esa neurona, esa que se afilia a la inutilidad de pensar en el poder de la posibilidad... esa que atormenta cuando nos quedamos débiles, solos y desamparados.
"Y otro crimen quedará...

viernes, abril 11, 2008

pupila gustativa de un pájaro inalado

pasó volando y dijo: pintora, ¿a dónde vas con ese disfraz de golondrina? ella no lo miró... era un mirlo invisible. buscando un reflejo...- se peinaba la sonrisa- mientras le preguntaba a las líneas de sus manos si era tan necesario imaginarlo volar.

pasó nadando y dijo: pintora, ¿a dónde vas con ese meteoro azul? ella lo miró... era un mirlo invisible. buscando un blanco...-se barría el ombligo-mientras le preguntaba al espacio entre sus pechos si era tan dislocado imaginarlo nadar.

pasó cantando y dijo: pintora, ¿a dónde vas con ese sombrero de duende? ella lo miró... no era un mirlo invisible. encontrando una hoguera...- se lustraba los sueños- mientras le preguntaba al hueco del tobillo si era tan previsible imaginarlo cantar.

pasó criticando y dijo: pintora, ¿a dónde vas con esas mejillas sucias? ella no lo miró...no era un mirlo invisible. encontrando un silencio...-se enjabonaba los oídos- mientras le preguntaba a la saliente de sus codos si era tan descomedido imaginarlo criticar.

pasó adivinando y dijo: pintora, ¿a dónde vas con ese cuadro?
ella lo miró... era un mirlo imposible.