miércoles, marzo 31, 2010

No te canto.



Hoy tengo las alas rotas



Pero tengo ganas de volar…

 


Hoy me voy a cualquier lado


Donde mis sueños puedan ser,


Donde la ley sea soñar.






Hoy la piel es un arcoíris


Que espera por que la lluvia


Y el sol se enamoren


Y decidan ser.


Adiós gaviotas azules,


Aquí me quedo otra vez


Vertebrada.



Adiós amor de mis amores,


En este mundo debo ser mortal.


Adiós adiós, adiós adiós.

 


Yo espero por la lluvia,


Aunque dude siempre


de ese sol.



Yo amo la libertad.

domingo, marzo 21, 2010

Una tarde de regresos familiares.



A las cuatro de la mañana, yo estaba en no sé qué sueño antiguo, cuando suena y suena el teléfono, y suena antiguo: era el celular de la Pame, que se había quedado en mi carro. Y eso no quiere decir que estaba yo durmiendo en el carro, sino que lo había sacado del carro y guardado antes de irme a fundir en esos sueños antiguos. Me despertó un teléfono antiguo que era un celular. Y ahora no pensaba, porque pensar me es difícil cuando estoy en mis tratamientos post-casi-matrimoniales, cuando más bien mi cerebro tiene su camisa de fuerza, de la que he logrado zafarme poco a poco gracias al arte-miso, que va entre la espiritualidad y el teatro, entre las letras inventadas y los colores plasmáticos: que van entre la ciencia y el artemiso, que es el amor... y la música. Me acompaño de los otros gracias a que tenemos ese afán de trascendencia y escribimos y plasmamos y recreamos como niños. Tengo que aprender a recrear dentro de mi contexto, o si no voy a seguir pareciendo una flor loca que se riega en la pileta. No sé qué hay de malo en eso, no hay nada de malo, pero para mi familia eso ya está sospechoso... Debo salir a soñar cuando todos estén dormidos, cuando pueda volver a entrar en la dimensión recurrente, y acompañarme lejos de casa de mis amigas floripondias, como la V, o la C, o la P. Las Q, las queridas, como hermanas, de las que a veces me canso, por ser tan parecidas a mi. Pero ya he estado mucho tiempo sin mi. Mi, la Sol... Quiero que me vuelva la voz, ya no quiero ser la Sirenita, David. Me quedo en mi mar, cantando con los Sebastianes. Te dejo aunque no te deje, con tus misogenías. Quiero estar yo, más que estar bien. Me vuelvo a importar, sean las que sean... E, e, e... no sé si me casaré, si tú lo quieres lo haré, y si no, pues también. Maritza me dijo que "ya si se me va el amor"...pero no lo puedo creer. Déjame, ¿sí? Déjame ser. Me dejo yo... me dejo volver.

domingo, marzo 14, 2010

La obra loca de un verdad-ero conjunto.

Hoy le puse una atención especial a la última función de “Soliloquio Épico Coral”, del grupo Arawa. Hoy le puse un silencio, y, como espectadora repetidora, los sentí más encontrados, pero aún mejor que eso: me encontré en ellos. El teatro como una nave, como un gran barco si es puerto, en vía a lo imposible. Y por querer describir la ciudad, terminar hablando de sí mismo. Y ese sí es el sí mágico. Yo me despojo de mi persona para recrear, bien encaja esa palabra, suena el timbre y mil voces entonan una “e”, o una vocal cualquiera, con el mismo objetivo liberador de salir de un tedio… Y el tedio de escribir se adquiere desde la misma pasión del escribir. De repente, te agarras de una palabra, de un concepto mejor, y lo vuelves alabadísimo, sí, alabadísimo… y todo tiene que ir alrededor de ese concepto, cuando a veces las palabras sólo quieren ser libres, quieren ser humanas. Ahí me encontré yo en mi bloqueo, ahí con mis compañeros del arte… del arte de decir, del arte también de callar, del arte de desmoronarse al desahogo cuando decimos mucho, cuando callamos más. El teatro como una puerta abierta a cualquier lugar… ¿Y la obra? Esta es. Gracias, compañeros, deportistas, deportados, portadores del “signifi-¿qué?”, Apasionados. Gracias porque si no estuvieran, si no hubieran, no pasa nada, y a veces, por mi mente, sus fantasmas son necesarios, porque sin ellos me miraría al espejo siempre intacta. Que el mar conduzca al teatro entonces siempre hacia el dónde... hacia la vida.