jueves, noviembre 23, 2006

mutis

La casa enmudeció. La hoja volvió a palidecer. El tic tac es un cliché. Mis dedos se entorpecen con la penumbra. Dije hasta mañana diez mil veces. Ahora habla el viento artificial de la habitación y me pregunta por qué he vuelto a titubear, y no tengo idea de qué responderle, además de que me he hecho inmune a las pastillas, que la c no me sale, que kapaz la k sea útil para esta ocasión, que me diagnostiquen una nueva historia, que me eliminen, que me quieran seguir investigando… que me piquen y me rasquen con una sola vacuna. Cuando una está así, no tiene ganas de seguir, y cuando las ganas desaparecen, sólo quedan las palabras, estas palabras un tanto adormecidas por la soledad, y otro tanto por la medicina. Un buen placebo es suficiente, pero cuando una es impaciente de muchos, todos creen tener la solución, y todos tienen razón. Más terapia les doy yo, con las palabras, esas que se me sueltan un tanto necias, como queriendo encajar en los oídos de los doctores, haciendo a unos reír y a otros llorar, literalmente, por la impotencia, por la salud de los enfermos de Cortázar en un par de fotocopias dedicadas, por que no quiero entrar en sus concursos de belleza, por que soy su consentida, porque se extienden las horas y las consultas y no estoy enferma de nada, ni soy ya una histérica que tiende al surrealismo. Ahora tiendo el telón esperando al silencio antes que al ánimo. Esperando al sonido del Bach de al lado, a ese que extraño a pesar de nunca haberle dirigido una palabra.

domingo, noviembre 12, 2006

qué le pasará.

el cielo quiere llorar, pero no puede,
a veces se sienta desnudo sobre su sombra roja
y el pudor lo aguarda, lo detiene.
cuando el cielo está a punto de llorar se arrepiente,
pues pocos se contentarían con su llanto,
se dejarían enlagrimar las sienes.
cuando el cielo quiere llorar no puede,
no lo dejan, no lo miran ni lo sienten.

viernes, noviembre 10, 2006

serpentinas.

El titicaca, desde arriba.

El titicaca, desde abajo.

El titicaca, desde adentro.


Recuerdo una vez que la Estefa me dijo, mientras leía una especie de anuncio en el periódico, cuando teníamos trece años, aproximadamente: “No todos los días te levantas y dices: quiero lanzarme en un paracaídas…” Ahora, no sé a qué vino ese recuerdo, si a llenarme un blanco más en la pantalla, o a contarles algo sin mi permiso. Lo que sí les puedo contar, es que mientras más lejos estoy de querer contarles algo, más cerca estoy de contárselos. Y es que la inspiración, como lo dicen los genios musicales, no se alimenta con la expiración, creo que la expiración es lo más difícil de lograr cuando la inspiración te grita, “¡ya!”, ¿ya qué?, ¡ya lánzate pues! Y la inspiración empieza a tornarse un tanto desesperada, entonces ahí logramos desatar el nudito, preparar los vientos y decirnos a la nada. Pues bien, ya me lancé una frase, ya qué más le puedo hacer, tengo que ser constante, aunque estuve a punto de pasar a una mejor vida, de creer que ya nadie tenía la curiosa necesidad de ver si esta niñita se había dignado a escribir nuevamente, pero, como ven, ya están al borde de acabar muertos de hambre con esta lectura, para la próxima les caliento un pancito con su olor a pan, el único y metódico olor que distrae cuando no sabemos a cual de los sentidos obedecer y nos hacemos al instinto, al paracaídas, siempre y cuando la gana se nos mantenga loca y la garganta inspirada para gritar cuando el grito sea, inconsciente, sólo una parte de la diversión.

jueves, noviembre 02, 2006

Entre Melodias y Colores

Ando encontrando melodias y colores que no conocia. Los violetas y los azules se mezclan en mis dias que se parecen a un si menor de mi guitarra desafinada. Ando encontrando sin buscar...y es que ando...feliz y distante de la realidad que me parece una mentira mentirosa sin ojos ni rostro. Estas melodias se acuerdan de un niño que jugaba sin dedicarle tiempo al descanso, al reposo...a esa vida sin gracia que nos enferma a todos...A los que leen estas letras o a los que escuchan melodias tan propias que parecen ajenas.