viernes, diciembre 03, 2004

La varita mágica y la verdadera "prueba de amor"...

...Y por un tiempo todo estuvo bien.

De pronto prendí el ventilador y un perfume de hombre recorrió toda la casa... me hizo bajar de puntillas y acabar con las fresas en un escondite. Mis dedos se sonrojaron por el osado sabor de mi boca pensando en la odisea de la que no quisiera cuidarme... pero ese olor tan fascinante... no era el suyo.

Perdí el sentido su beso, no sé si lo pueda recuperar... no sé si alguna vez lo tuve... no sé si lo quiero tener, pero sé que por ahí está y no lo quisiera perder, y tengo miedo, y deseo... y su paz se convirtió en una guerra de los dos.

¿Qué importa más, la pasión o la amistad?
Antes de contestarme: cuando hay llanto en la cama, las dos consuelan igual...

La tentación subsiste en cada uno de nosotros para darle sentido a la fidelidad, de lo contrario no habría mejor instrumento para medir nuestra firmeza y calcular nuestra seguridad, para saber cuánto pesa nuestra desición de estar con alguien especial... cuánto cuesta encontrarlo, qué tan fácil es mantenerlo, a qué velocidad podríamos perderlo y cuál es el precio de la soledad... como ven, ES PURA FÍSICA.

Tal vez deberíamos hallar dentro de nosotros un mundo en donde nadie de el ejemplo, ni nos creamos la necesidad de buscar en otr@ los vacíos que una sóla persona podría llenar... un fantástico mundo donde creer que no existen razones para compararl@.

Pero, si amar sólo pasa una vez... ¿cómo sabes si esa vez no pasó ya? ¿y si fuera...?

Nuestra incertidumbre se pone exigente y nuestra curiosidad obsesiva... No se puede soñar a medias y esperar no deja dormir.

Pero, ¿y si le damos una oportunidad a Paciencia y nos dejamos sorprender, en lugar de no pensarlo más y lanzarnos al vacío?

...Puede que nos salvemos, que nos salvemos de perder, de perdernos de una relación-canción-ción-ción que nunca dejará de sonar como nueva.

Entonces apagué mi ventilador y me desperté en su libertad con la única condición de no cargar culpas cortopunzantes entre las alas.
Aún era de noche, jugamos a mirarnos y no hablarnos... y por un tiempo estuvo bien.

Al amanecer ya me había diseñado un mapa en la piel, con un sólo dedo dirigió el tranvía que fué la guía turística de mis lunares... los recorrió uno por uno.
Tuve que ausentarme en la mañana porque un minuto antes de que mi clase empezara, sólo él estaba presente y yo estaba teniendo 5 sentidos...

Fué entonces cuando supe que desesperarme era su forma de descubrirme.

Ahora no sé por cuánto tiempo más todo estará bien... y sentiré un jacuzzi en la panza cuando piense en su beso... no sé, pero al miedo ya lo dejé en otra estación.